Lo que necesitamos los mexicanos son verdaderos estrategas. El filósofo chino, Sun Tzu, señaló en su obra
maestra “El arte de la guerra”, que el
arte de la estrategia es de importancia vital para el país. Es el terreno de la
vida y de la muerte, el camino a la seguridad o a la ruina. Él estaba convencido de que si se cumplen las
instrucciones y las personas son sinceramente leales y
comprometidas, los planes y preparativos se implementan con firmeza. Frente a la adversidad México necesita
servidores públicos expertos en proyectar y dirigir operaciones, no magos de la
improvisación.
Es cierto que no estamos en
guerra, pero sí ante un estado fallido que navega sin rumbo claro. Quienes nos
gobiernan, nos juzgan y/o nos organizan a través de las normas que expiden deben
ser capaces de dirigir su actuar a partir de un diagnóstico certero que les
permita establecer objetivos claros, factibles, únicos y sostenibles en el
tiempo.
Esta planeación la realizan
cotidianamente las grandes corporaciones, empresas y/o organizaciones y no veo
por qué el Estado Mexicano no deba sentirse obligado a realizar la misma acción,
especialmente porque utiliza recursos públicos. Es común además que la poca
planeación que se realiza fracase por ser inapropiada: se elaboran malos
diagnósticos, se desconoce la verdadera naturaleza del problema, se establecen
objetivos erróneos, no se empatan los presupuestos a las acciones, rara vez se
realizan ejercicios de seguimiento que permitan detectar focos rojos para
redirigir acciones y mucho menos se establecen indicadores claros que permitan
una evaluación a futuro. La
implementación de la poca planeación disponible es pobre por que cotidianamente
se sobreestiman los recursos (de tiempo, personal y financieros) y las
habilidades, y no se coordinan los diferentes actores, ya sea por
desconocimiento, por falta de voluntad y, por qué no decirlo, por contravenir
sus propios intereses.
El Poder Ejecutivo Federal,
en mi opinión, ha avanzado mucho en este tema, no así los gobiernos estatales y municipales o los
otros dos Poderes. El Centro de Estudios
Espinosa Yglesias, A.C. evaluó en 2011 el Plan Estatal de Desarrollo del Estado
de Puebla, dándole una calificación de 4.33/10. Los especialistas que
realizaron dicha evaluación coincidieron en que dicho plan carecía de un
diagnóstico bien elaborado, definición de prioridades, plazos de cumplimiento y
responsables. Si el ejercicio se hiciera
en otros estados, existen altas probabilidades de que los resultados fueran
parecidos. En fechas recientes se hizo público que, aproximadamente, cuatro de
diez municipios en México reportan altos índices de endeudamiento y carecen de
fondos suficientes para enfrentarlos. Frente a este paupérrimo escenario, estoy
certera que gran parte de las acciones que se comprometieron los presidentes
municipales a encabezar, no se verán materializadas.
El Poder Legislativo, por su
parte, tanto a nivel federal como estatal, define su actuar a partir de los
intereses partidistas, los cuales no siempre coinciden con los ciudadanos. Con raras excepciones, como es el caso del
Congreso de Puebla, que recién modificó su Ley Orgánica para obligar a los
diputados a presentar un plan de trabajo al tomar protesta, difícilmente los
diputados traducen sus propuestas de campañas en acciones específicas, planeadas,
medibles y evaluables al término de su legislatura.
No sé si se trate de una
deformación profesional, pero estoy convencida de que a los abogados, que
debieran ser estrategas por naturaleza, se les dificulta planear, especialmente
porque no sienten la necesidad de rendir cuentas, ni ser sujetos de evaluación.
En mi opinión, algo parecido le sucede al Poder Judicial, tanto a nivel federal
como estatal, dirigido por abogados. Si bien es cierto que el Ministro
Presidente de la Suprema Corte de Justicia y por ende Consejero Presidente del
Consejo de la Judicatura Federal presenta unas líneas generales conforme a las cuales
desarrollará su función, este documento es muy lejano a lo que formalmente se
denominaría una planeación estratégica.
Sin planeación no hay
certeza, sólo tropiezos y en muy pocos casos, chiripas. Los mexicanos no nos
podemos dar el lujo de seguir manteniendo a un Estado que no toma en serio su
papel de dirigir al país hacia un mejor futuro.
Artículo publicado en: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/blogs/ceey/15685-verdaderos-estrategas.html el 22 de mayo de 2013
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