“El pueblo quiere siempre el bien, pero no siempre lo ve.
La voluntad general es siempre recta, pero el juicio que la guía no es
siempre claro.”
Jean- Jacques Rousseau
El contrato social
Hoy ya no es noticia. Las primeras
planas de todos los periódicos cubren la nota. Cientos de hombres y mujeres se
organizan para conformar las denominadas “guardias blancas”, “guardias
civiles”, “policías comunitarias”, “vigías civiles”, que no son otra cosa sino
grupos de ciudadanos hartos, en la mayoría de las casos, de que sus derechos no
sean respetados y de que prevalezca la impunidad en sus localidades.
Lo anterior ha sido producto de la
falta de, o mejor dicho, de la nula presencia institucional en los territorios
ahora “resguardados” y de la proliferación de grupos del crimen organizado que
han aprovechado el vacío para imponer sus reglas a toda costa.
En estas “tierras de nadie” luchan
por sobrevivir familias enteras, que además de enfrentar los estragos de la
pobreza y la marginación, padecen una vulneración reiterada a sus derechos
fundamentales. Ahí, como en cientos de poblaciones en la República
Mexicana, no existe la cultura de la legalidad, la gobernanza y sobretodo se
carece del Imperio de la Ley.
Rousseau planteó en su texto “El contrato social”
que la fuerza no hace el derecho, y por ello no estamos obligados a obedecer
más que a los poderes legítimos. Estos poderes legítimos son a los que nos
sometemos, luego de nacer libres, para obrar de mutuo acuerdo en lo que él
denominó el Pacto
Social. Nosotros hemos reconocido tácitamente las cláusulas de dicho
contrato, limitando nuestra libertad en beneficio de la colectividad; por eso
es que nos hemos comprometido, por ejemplo a no robar o a no matar, aun cuando
en la realidad tenemos la libertad natural para llevarlo a cabo. Dicho
sometimiento se ha realizado a cambio de la conservación y de la prosperidad de
las partes sujetas al contrato mencionado.
Pero como todo contrato, siempre
existe la posibilidad de incumplirlo, por lo que Rousseau señala que una vez
violado el pacto social, cada cual recobra sus primitivos derechos, recupera su
libertad natural, y de subsistir este estado natural, toda asociación se
convertirá fatalmente en tiránica e inútil.
Esta es la desoladora realidad que
enfrentan hoy numerosos municipios en 13 estados del País. No se trata de
un fenómeno nuevo, sino de uno que ha se ha venido intensificando y
multiplicando con el paso del tiempo sin la debida intervención de autoridades
municipales, estatales y/o federales. La inactividad del Estado ha
generado un estado de indefensión de los ciudadanos, quienes para conservar su
vida e integridad física, así como prosperar han tenido que idear nuevas formas
de organización al margen de un andamiaje normativo que hoy les resulta absurdo
e inoperante.
El gobierno federal, en
particular, no debe sentirse ajeno a dicho fenómeno. Se espera que el
presidente Enrique Peña Nieto instrumente a través de su Plan Nacional de
Desarrollo una estrategia conjunta con los estados en materia de seguridad y
justicia para reestablecer el pacto social, recuperando la confianza de los
ciudadanos en los poderes legítimos. No basta con enunciar objetivos a través
de un pacto político o impulsar una reforma legal en la materia; la ciudadanía
exige resultados palpables en lo inmediato. En estos momentos grupos de
ejidatarios en Chiapas se enfrentan a talamontes que ponen en riesgo su
hábitat; en Chihuahua, habitantes de la localidad de Le Barón se enfrentan a
secuestradores y extorsionadores; en Guerrero, a unos cuantos kilómetros del
puerto de Acapulco, una familia de turistas es baleada por vigilantes de un
retén ciudadano al no obedecer indicaciones; en Hidalgo, niñas y niños
participan armados en disputas sobre la tenencia de la tierra.
No es sólo una cuestión de
voluntad, sino de acción. Las fuerzas políticas en el país deben actuar de
inmediato. La autodefensa no debe volverse una forma de vida. Es obligación del
Estado, en sus tres ámbitos de gobierno, hacer valer la Constitución:
proporcionar seguridad a la vida y propiedades de los ciudadanos y, por ende,
sancionar a quienes hacen justicia por propia mano y ejercen violencia
para reclamar su derecho. Sólo en ese orden se podrá reestablecer el Pacto
Social.
Publicado en http://www.adnpolitico.com/opinion/2013/04/06/opinion-la-autodefensa-sera-nuestro-futuro el 6 de abril de 2013
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