domingo, 24 de julio de 2011

¿Por qué un Café de Nadie?

Es difícil imaginar un Café de Nadie, pero dicho lugar existió. Un grupo de artistas vanguardistas y destacados, entre ellos mi bisabuelo Luis Quintanilla, solían reunirse ahí en los años veinte.  Cuentan que un día lluvioso uno de sus miembros, el poeta veracruzano Manuel Maples Arce caminaba por la avenida Jalisco, hoy Álvaro Obregón, en la Colonia Roma. Ante la intensidad del chubasco, prefirió pasar el tiempo bajo techo y se metió a un café en el número 100: “En el establecimiento –cuenta Marco Antonio Campos- no había nadie. Pasó a otra pieza, donde sólo halló una cafetera que hervía. Se sirvió, regresó a su mesa y se tomó el café. Como nadie vino a cobrar le pagó a nadie y dejó una propina a una camarera que nunca vio. Y así fue y así regresó otras noches al café donde nunca encontró a nadie”. Desde entonces el reservado lugar se llamó el Café de Nadie y sería la guarida y recinto de un grupo de artistas denominados Estridentistas.


Fue en el Café de Nadie donde el mismo Manuel hizo firmar a sus cofrades el segundo manifiesto estridentista, panfleto incendiario que buscó el guantazo sin rodeos y que se publicó a rajatabla: “(…) A los que no están con nosotros se los comerán los zopilotes. El estridentismo es el almacén donde se surte el mundo. ...  Apagaremos el sol con un sombrerazo. ¡Viva el mole de guajolote!”


Este espacio será mi propio Café de Nadie. 

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